Hoy los voy a invitar a imaginar, así que cierren los ojos… (ok, omitan esa parte), mantengan los ojos abiertos y visualicen esta escena mientras leen:
Es 18 de Septiembre, estamos en plenas fiestas patrias y como era de esperarse el humo y aroma a carne asada invade la ciudad. Ese día nos encontrábamos con mi familia en casa de mi abuela y por supuesto el asadito dieciochero estuvo más presente que nunca; serían las tres o cuatro de la tarde y en la parrilla había más animales de los que puedo recordar. Comimos hasta no poder más, reímos y disfrutamos mucho, en pocas palabras (como diría el gran Coco Legrand) un 18 «tiiipico chileno».
Hasta aquí todo normal.
Eran cerca de las cinco y treinta cuando a mi Papá se le ocurre una idea brillante, dijo: «Me hablaron de un lugar donde venden dulces y pasteles, dicen que son súper ricos… ¿vamos?» y sin pensarlo mucho, subimos al auto y nos enfilamos por la carretera hacia el interior del valle de Lluta a buscar un lugar llamado «ECO TRULY», nadie en ese momento sabía que diablos era eso. Nosotros queríamos pasteles.
Los minutos pasaban, los kilómetros pasaban, el hambre aumentaba y… nada. La Estación Rosario quedó atrás, el poblado de Poconchile también (ya hablaremos de esos lugares) y si seguíamos avanzando en algún momento íbamos a terminar sin bencina o en Bolivia (no se asusten, no es tan lejos pero hay que darle emoción a la historia), hasta que por fin nos cruzamos con un cartel que indicaba un desvío y el nombre de nuestro destino; así entonces a 3 kms de Poconchile llegamos a un lugar tranquilo y natural, ¿su nombre? ECO TRULY, emocionado crucé el pequeño puente y los pilares de madera rústica de la entrada, levanto la mirada y… ¡ahí está! el enorme cartel de una vaca mirándome con odio y diciéndome ¡ASESINO!, Me sentí como Hitler por un momento, pero para ser honestos, no duró mucho.
Y así chicos fue como conocí a vuestra madre… lo siento, me equivoqué de historia.
Como les contaba, así fue como conocí este increíble lugar, una comunidad ecológica, amigable con el entorno, llena de gente cercana y con un estilo de vida bastante particular pero sencillo. Al ingresar lo normal es que una persona amable se ofrezca a realizar un tour por el lugar, hablen sobre la historia de esta comunidad, cuenten un poco sobre su estilo de vida, sobre su religión (Hare Krisna), lugares, galería de arte de conciencia (vayan preparados para eso jajaja), el restaurante que ofrece comidas vegetarianas, desayunos, almuerzos, onces y no faltaba más… ¡también pastelitos!


Destaca principalmente su arquitectura en adobe con forma de huevo, el más grande es el templo que definitivamente vale la pena visitar, es un lugar tranquilo y luminoso de meditación, además hay animales, granja orgánica y algo que no me esperaba: ALOJAMIENTO, así tal cual, Eco Truly es también un hotel, bueno, algo más bien rústico, ¡pero venga! les aseguro que cuando estén ahí querrán dormir en una de esas habitaciones tan peculiares, por lo que el turista puede extender su experiencia hasta el ámbito de convivencia y costumbres Krishna, ¿que mejor?


Para terminar, la finca se encuentra en el Km 29 del Valle de Lluta y la entrada cuesta entre $800 y $1000 pesos (al menos hasta la última vez que fui), eso incluye el acceso al recinto y el tour que realizan los voluntarios.
Para los amantes de la tranquilidad y la vida natural, es un lugar que definitivamente TIENEN que visitar, ¿vale la pena? ¡POR SUPUESTO!
PD: Por si se lo preguntaban, para su tranquilidad el cartel de la vaca ya no está 😀
Nos leemos el Lunes cuando recorramos nuevamente otro increíble lugar 🙂
¡¡¡Saludos y buen viaje!!!

Replica a Estación Rosario – El viajero no frecuente Cancelar la respuesta