¡¡¡Viernes amigos!!! Tan esperado por algunos y con justa razón, se viene el fin de semana y muchos ya sueñan con dormir hasta tarde, disfrutar con la familia y amigos o carretear hasta perder el conocimiento… Ok, «Vamo’h a calmarno’h» como diría Squirtle, que lo de perder el conocimiento podemos omitirlo.

Volviendo a lo que nos convoca, después de correr toda una semana, lidiar con el colegio, la universidad, los tacos, el trabajo, el jefe, la casa, el coche, la guagua, los tramites, las cuentas… ¡YA BASTA, POR FAVOR! ¿En serio, era necesario volver a recordar todo el estrés? después de todo, si están aquí es precisamente para olvidar todo lo anterior, así que si eso es lo que buscaban, les tengo noticias… llegaron a lugar indicado 😀
La vida está llena de altos y bajos por lo que muchas veces sólo queremos alejarnos del mundo y cambiar de aire, pero tendemos a asociar eso a largos viajes o vacaciones que se escapan del presupuesto post Marzo, sin contar que el fin de semana pasa volando. Pero ¿que pensarían si les dijera que podemos aprovechar cada minuto de estos dos días? ¡¡¡Claro que se puede!!! Ya hemos hablado de Caleta Vitor a sólo una hora de la Ciudad, también hablamos de las Presencias Tutelares a menos de veinte minutos, de Eco Truly y sus bondades, etc… todos lugares a menos de una hora, pero ya los conociste y quieres más, porque no sólo de playas y desierto vive el hombre, hoy volvemos con uno de esos pueblitos que tienen un «no se qué, que produce un que se shó». En realidad no alcanza a ser un pueblo, es una comunidad que se formó gracias al Ferrocarril Arica – La Paz y una de sus estaciones, Señoras y Señores sean bienvenidos a la «ESTACIÓN CENTRAL»

La primera vez que visité esta estación fue hace años, tantos que ya no recordaba casi nada, era un niño y fuimos en un paseo con la iglesia (si… alguna vez fui a la iglesia jajaja), el hermano Bernardo siempre nos incitaba a descubrir estos lugares poco conocidos y organizaba los viajes, la verdad, toda la vida se lo voy a agradecer 🙂

Para llegar no se requieren grandes recursos, altas sumas de dinero, ni camionetas todo terreno, el camino en gran parte es de tierra pero transitable. Sólo necesitamos un vehículo, música y buena compañía.

Comenzamos saliendo de Arica por la carretera Panamericana hacia el norte, dejamos atrás la rotonda de Lluta, sin entrar al valle, seguimos derecho (como si fuéramos a la frontera) unos metros y a mano derecha nos encontramos con un camino de tierra, esa es la ruta A – 135 y en adelante ese es nuestro camino. Son casi 40 kilómetros desde Arica hasta la estación Central así que prepare buena música porque si bien no es lejos, el camino puede parecer largo entre tanto cerro si no se entretiene en algo jajaja

Al llegar, es sobrecogedora la sensación de saber que ese lugar, hoy en ruinas, estuvo lleno de vida y actividad social, algo similar a la sensación que tuve al pisar la salitrera Humberstone (No es de nuestra región, pero aun así, tengo que decirlo… si no la conocen ¡¡¡VAYAN!!!). Hoy, sin embargo, en el lugar funciona un retén de Carabineros que custodia la zona, por lo que completamente inhabitada no está.

Es un área simplemente en desuso, por lo tanto la entrada es liberada, y para ser un lugar tan pequeño, la verdad es que el tiempo se hace poco, por ende es muy probable que no alcancen a recorrer todo si van sólo en la tarde, en especial si son como yo y quieren recorrer casa por casa, vagón por vagón, pasillo por pasillo y fotografiando hasta las ventanas… Ahora bien, si son personas normales, el tiempo quizá les rinda mas (lo que es muy probable).
¿Que nos vamos a encontrar aquí y por qué hoy hablamos de esto? Bueno, vamos a encontrar nostalgia, casas ya en ruinas que alguna vez albergaron familias y otras que por el contrario están muy bien conservadas y que nos transportan automáticamente a la época del 1900′ cuando ésta línea ferroviaria fue construida.
Recorrer esas habitaciones, pasillos y patios tiene un efecto tan especial y profundo que es casi imposible de describir, como si fuese mi propia historia plasmada en esas paredes, sintiendo la nostalgia de esos días y tomando prestada por un momento la vida de personas que jamás conocí pero que, sin embargo, por un instante fue mía.
Saliendo del área de viviendas, caminamos hacia el fondo y nos encontramos de lleno con el alma del lugar: los galpones, los pozos de reparación, los rieles y los vagones. Y este es un sentimiento casi generalizado ¿no sienten acaso un cariño especial por los trenes?, ¿Verdad que es inevitable quedarse mirándolos? ¡Bueno, aquí no sólo podemos verlos! Aquí podemos disfrutar el conjunto completo de lo que fue la vida ferroviaria, junto con recorrer las áreas de mantención y revisión de las maquinas, subir en sus vagones y caminar por sus múltiples vías.
El ultimo punto que visitamos, ya cayendo la noche fue la cancha y una pequeña plaza de tierra con antiguos y oxidados columpios de fierro, símbolos inequívocos de otros tiempos, lejos de la era digital y el estrés de la actualidad…
Algo de especial hay en los ferrocarriles. ¿Cuántas familias crecieron en estaciones como Central?. ¿Qué historias cuentan sus vagones oxidados y sus casas en ruinas, sus rieles en desuso y galpones vacíos?
Algo de nostalgia y pasado, de familia y vida simple. Sencillez y fuerza de acero, oxido y desierto.
¡Muchas gracias por acompañarme una vez más; aquí abajo les dejo la galería de fotos para que conozcan y se animen a visitar este increíble lugar!
¡Saludos viajeros!

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